No importa cuantos años tengas. Si tu papá se llama igual que vos, en el barrio siempre vas a ser “Horacito”.
No importa cuantos años tengas. Si tu papá se llama igual que vos, en el barrio siempre vas a ser “Horacito”.
Tengo serías dudas de que el relato de Víctor Hugo Morales en el gol de Maradona a los ingleses haya sido espontáneo. Lo tenía preparado, lo sacó de algún libro o algo de eso debe haber pasado.
Érase una vez un joven en un reino muy muy lejano a quien le gustaba comenzar a contar historias pero muy pocas veces las terminaba. Cierto día…
Ya hace mucho que “Rasguña las Piedras” dejó de ser una que sepamos todos.
Me voy 15 días a San Bernardo. No me extrañen.
Aprovecho nuevamente este espacio, por desgracia, para hacer una denuncia. Luego de ponerlos al tanto de mis problemas con Multipoint y Falabella ahora tengo que contarles uno que se produjo con el Banco Columbia.
Hoy justamente hablando con mi madre me contó de una situación que no le pareció para nada agradable y a mi mucho menos. Se meten con mi vieja y se meten conmigo. Resulta que le llegó una factura de $34 con membrete del Banco Columbia lo cual le resultó muy extraño ya que la última relación que tuvo con esta institución fue hace nueve meses cuando contaba una tarjeta de crédito Mastercard provisto por los mismos.
Dicha tarjeta había sido dada de baja en su momento sin ninguna deuda registrada. Jamás había llegado otra factura, hasta ayer. Al empezar a ver los detalles de la factura se mostraba que el monto correspondía a una deuda de $0,01 (un centavo de peso) que había quedado pendiente al momento de dar de baja la tarjeta. Sumando impuestos y atraso se convertía en $34.
Inmediatamente se buscó en los facturas pagadas y la extraña deuda de un centavo era inexistente ya que cada mes se pagaba el total. El lunes se va a tener que tomar la molestia de acercarse hasta una sucursal del banco para solucionar este problema.
Al margen de que sean treinta pesos, miles de dólares o que nos quieran cobrar el centavo en sí lo que indigna es la forma es que prodecen, con estos artilugios que sinceramente me producen verguenza ajena y mucha indignación. Para variar, no es un caso aislado, todavía estamos esperando los resúmenes de cuenta de la tarjeta del período en que se utilizaba (nos cobraban $12 por la impresión y el envío pero nunca llegaba a casa de mi mamá).
Lamentable pero astuto ya que muchos deben pagar este monto fantasma. Suficiente para vender la dignidad por algunos pesos.
Uno se da cuenta de que tiene muy mala memoria cuando los demás le recuerdan historias que uno mismo le contó y no se tiene ni la menor idea de lo que están hablando.
Los cables de auriculares tiene la increíble habilidad de enredarse de manera puzzlelística.

¿Quién no se enloqueció tratando de pelar un palito de la selva y se lo terminó comiendo con pedazos de papel?
Smart is the new sexy pero creo que las mujeres no se enteraron todavía.

Quiero contarles rápidamente una historia de la que involutariamente soy testigo hace ya un tiempo. A principio de año vi como alguien estacionaba en la puerta de mi casa, con lentes de sol y actitud sospechosa, se trataba de un hombre de aproximadamente medio siglo de edad. Mi curiosidad me llevó a quedarme mirando por la ventana de que iba la situación.
Minutos más tarde llegaba una moto al lugar, era manejada por un adolescente y llevaba como acompañante a una joven de aproximadamente veinte años, un poco obesa pero con actitud bastante simpática. Ella se bajaba de la moto, y mientras la misma se alejaba ella ingresaba al auto saludando con un beso al cincuentón. El auto arranca con destino a quien sabe donde.
Horas más tarde la historia se repite de manera inversa. La pareja llega a la puerta de mi casa, la moto la pasa a buscar, se baja del auto despidiéndose con un beso para luego alejarse cada uno por su lado. A modo de ritual esto sucede dos o tres veces por semana justo en la puerta de mi casa, vaya a saber uno porque.
Algun día tal vez me acerque a despejar algunas dudas con este señor pero por el momento la única comunición que tenemos se da cuando él está en la dulce espera y por algún motivo salgo de mi casa. Yo lo miro, él me mira, se me dibuja una sonrisa que no puedo contener y dandome a entender muchas cosas a él le pasa lo mismo.
Un amigo dijo: “Cuando elijo una bebida es como cuando elijo una mujer. Me tiene que gustar o me tiene que mamar”.
Siempre pensé que cuando decían gatillo fácil se referían a una mujer muy muy muy accesible.
¿Qué sería de los crucigramas sin las palabras asar, arar y sus respectivas conjugaciones?
El 64% de las cosas que se me caen de las manos las abarajo antes de que lleguen al piso.
Microemprendimiento es una palabra para los que piensan en pequeño. Aunque vendas globos en la plaza hay que tener mentalidad de multinacional.